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lunes, 15 de diciembre de 2008

Personajes

Escritorio de la habitación del Hotel de México donde pasé unas buenas horas.

Desde hace un par de meses aproximadamente... y nueve días, para ser más exactos, cada mañana me despierta un montón de gente.

No quiero decir que tengamos la Coral de Sant Jordi a los pies de la cama entonando el Virolai, ya que mi mujer los hubiera echado con agua hirviendo... se pone de mal humor cuando tiene sueño. Ni que a nuestra ventana venga cada mañana una tuna entera de estudiantes barbudos peinando más canas que yo (que las tengo escondidas...), dado que se hubieran marchado con los clavelitos entre las piernas, pero por detrás. Afortunadamente, tampoco me refiero a una camarilla de albañiles cargados con mazas y escarpas y muchas ganas de quemar adrenalina contra una pared cualquiera de nuestros vecinos... Deberíais haber visto la cara que puso el amigo Pedro cuando vino hace un par de años a reformar la cocina de casa y le dije que el mármol y los muebles viejos iban al centro de recogida selectiva de residuos... le brillaron los ojos y creo que incluso dobló la lengua entre los incisivos superiores y los inferiores antes de dar el primer golpe de maza a la antigua mesa...
No es nada de todo eso, me refiero al momento en que mi cerebro empieza a trabajar (cómo dice?) mucho antes de que mi cuerpo tenga ánimos de seguirlo en el esfuerzo. Es en aquel momento (y no en otro) que personajes diversos vienen de uno en uno o en pareja a darme los buenos días. Reclaman que les preste la atención que merecen, ya que soy el responsable directo de sus vidas y de su destino (es culpa de un servidor que "mea culpas" por todas partes... y no se puede estar quieto ni cuando duerme).
Todos quieren saber qué les pasará en el futuro y no se lo puedo decir, porque es un secreto que debe mantenerse hasta el final (¡Qué caray!). Si se lo cuentas a uno y se va de la lengua pierde la gracia y hoy en día con esto del Internet... A veces aparece algún personaje de la segunda parte u otro de la tercera, incluso uno de la parte final que se deja ver, impaciente, pero tengo que pedirles a todos paciencia, que todo se andará, que cada uno tendrá su momento. Es entonces cuando uno de ellos suelta la frase, la idea y... ¡Vaya hombre! ¿No te podías haber esperado un poco?
Me siento en la cama, me pongo los calcetines y busco mis gafas sin saber qué hora es. Como sé que no me dejará dormir más me dispongo a levantarme definitivamente aunque es temprano y el reloj del lavabo me lo confirma: las cinco cuarenta y cinco (¡Jo...er!). Bien, ya pronto serán las seis... Hay mucha gente que se levanta a las seis, ¿No? ¡Pues ala! A escribir la idea antes de que se borre entre legañas... por favor... tened paciencia.
¿Dije paciencia? ¡Ah sí! Pues eso... que me he liado la manta a la cabeza y no veo la salida. La cabeza me hierve bajo una tormenta de ideas y ahora mismo, a poco más de quince días de cumplir el primer año de blog, estoy escribiendo más que nunca... pero no para el blog.
Me sabe mal, pero es que me lo estoy pasando tan bien...


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martes, 4 de noviembre de 2008

Más lecturas.

Tan pronto como acabé la novela de Linwood Barclay 'No time for goodbye' me puse en contacto con él a través de esta magnífica herramienta que es Internet.
Me respondió unas horas más tarde desde Canadá. ¡Magnífico!
Después de haber hecho mención en el post de las lecturas estivales, he recibido diversas visitas en los blogs buscando este mismo libro con un título que sería: 'Sin una palabra', pero no sé si ya se puede encontrar en librerías. De todos modos, insisto en que es una novela recomendable para pasar buenos ratos enganchado.

Contacté también con los autores de dos novelas más que leí durante el mes de septiembre:

'The promised land' de David Hewson (quien comparte nombre y apellido con Bono de U2)
Bierce, un policía condenado a muerte por el asesinato de esposa e hijo pequeño sucedido veintitrés años atrás, 'escapa' (es liberado) del corredor de la muerte justo antes de morir bajo los efectos de la aguja de una jeringa química. La novela transcurre durante los cuatro días después de su salida de prisión, mientras va atando cabos de todo. Conducido en una ambientación moderna en contraste con lo que el personaje topa ante un mundo que para él se detuvo en el año 1983. Encarcelado porque no recordaba nada del incidente y nunca pudo negar que fuera el asesino, pero tampoco podía demostrar lo contrario.
362 páginas de misterio con personajes diversos y misteriosos como la joven Alice Loong, medio-china, que lo acompaña desde la llegada a su antigua casa. La versión que he encontrado en castellano se titula fielmente: 'La tierra prometida'.

'Before I wake' de Robert J. Wiersema.

Un accidente deja en estado de coma a la pequeña Sherry, de cinco años, hija de un matrimonio que se deshace por momentos. Al principio tuve la tentación de dejarlo para más adelante, no me apetecía un drama, pensé en dejarlo para cuando la tristeza, el frío y las hojas de otoño van de la mano, pero no lo hice -afortunadamente- y me sorprendió felizmente con un giro inesperado entorno a la eterna lucha entre el bien y el mal y el más allá. La narración es casi siempre en primera persona, pero cambia de personaje cada vez de un modo enlazado con acierto.
Excelente debut de este autor que se ha convertido en best-seller de la noche a la mañana. 312 páginas de preguntarme: ¿Y ahora qué? Hasta el final.




Es sensacional el contacto y la inmediatez que puedes obtener a través de la red de redes, hace que los autores sean más próximos a los lectores, al menos éstos con los que he contactado. Les prometí colgar un post dedicado a sus novelas y aquí está.

lunes, 6 de octubre de 2008

Las tres lunas


Rumor de olas en la noche
el cuello te beso y sonríes
arena fresca, agua tibia
nuestro amor está vivo.
Brisa suave y luna llena
testigos del deseo
vivo porque el aire respiro
de tus labios un beso
es todo cuanto necesito.
Hay tres lunas esta noche
una flota entre tibias olas
las otras dos deslumbran mi cara
son las lunas de tu mirada.
Este fue uno de los poemas que leyó Margo en la presentación ficticia de Mira Navas, recogido en el libro dedicado a mi esposa, con el añadido de: "No sería Gustavo A. Bécquer con aquello de: Por una mirada, un mundo..., pero podría colar ¿no?"


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miércoles, 1 de octubre de 2008

Fatalidad de una promesa

Manolo
Como cada noche, Manolo salía del bar donde había pasado la tarde entera tomando cervezas y discutiendo de economía con compañeros de barra. La crisis lo había dejado sin trabajo después de muchos años de trabajar en la construcción. Le costaba guiar sus pies de manera coordinada por la estrecha acera, de vez en cuando se detenía para tomar aire apoyado en alguna de las escasas papeleras. Sentía frustración, impotencia y rabia bajo la piel, se dibujaba totalmente prescindible en una sociedad que le había dado la espalda.
Encendió, refunfuñando y no sin dificultad, el único cigarrillo que le quedaba del paquete y, después de hacer una larga calada, aplastó el paquete con los dedos y lo tiró al suelo con tanta fuerza que el mechero le cayó. Incapaz de agacharse, escupió amargamente y continuó su camino a casa con fuego en el alma...

Sara
Como cada noche, Sara salía de la Biblioteca donde había pasado la tarde entera haciendo los deberes del Instituto, estudiando para un control que tenía al día siguiente. La crisis había dejado a su padre sin trabajo, era albañil y ahora la cosa pintaba mal. Estaba dispuesta a poner un poco de alegría en casa, últimamente sus padres discutían demasiado. Había quedado con su padre que ella haría la cena aquella noche, ya que su madre hacía unos días que había empezado a limpiar en el hospital, en turno de noche.
Sara caminaba ligera a pesar del peso de su mochila, tenía la esperanza de que su padre hubiera cumplido su promesa: beber sólo una cerveza, estaba ilusionada, quería demostrar su valía, demostrar que era responsable y mayor, había empezado a cursar en el Instituto y la vida se le mostraba nueva. Todavía era niña, pero tenía prisa por madurar. Sus pensamientos de niña mayor acompañaban sus ligeros pasos de camino a casa.


Carmen
Como cada noche desde hacía tres días, Carmen llegó al hospital dispuesta a hacer el trabajo encomendado de la mejor manera. Las referencias que había presentado eran bastante buenas, sólo tenía el cuerpo un poco oxidado, hacía unos cuantos años que no trabajaba. Su marido ganaba suficiente dinero haciendo casas y toda su ocupación había sido cuidar de él y de su hija. De la casa, sin embargo, no se hacía cargo ella. Era época de bonanza, había "contratado" a una chica boliviana, Lucinda, que se encargaba de todo: cocinar, limpiar, comprar y, además, recibir alguna bronca. Carmen aprovechaba para pasear las mañanas de mercado y diariamente desayunaba en el bar cerca de la escuela, donde tomaba unos cuantos cafés con otras madres mientras llenaban de humo el bar, la ropa y los pulmones. Ahora todo eso quedaba atrás, la crisis provocó un caos en su vida: Manolo no tenía trabajo e incluso unos clientes le debían mucho dinero, Sara había empezado las clases en el Instituto y ella ya no se veía con las demás madres, los desayunos con ellas se acabaron con la excusa del cambio de curso de las niñas. También se vio obligada a "despedir", sin indemnización, a Lucinda, ahora sería ella la que se encargara de todo.
...
Santiago
Como cada noche al salir del trabajo, Santiago, trabajador boliviano de la fábrica textil, tenía que ir a hacer "encargos sucios". Desde que a su esposa la habían despedido de su empleo de esclava para la esposa de un constructor, él tenía que hacer un montón de horas extra en la fábrica, además de hacer de repartidor para un traficante de drogas, él odiaba aquella manera de ganar dinero, pero lo necesitaba ahora más que nunca, tenía cinco bocas que alimentar. Aquella noche llevaba en el maletero del coche un paquete mayor de lo habitual. De repente, le sobrevino la sensación de que lo estaban siguiendo y para comprobarlo, giró el volante en seco cuando tuvo oportunidad y siguió calle abajo... efectivamente, el todoterreno que le seguía no era de fiar, lo volvió a probar de nuevo a mayor velocidad y el todoterreno aceleraba aún más. Nervioso, se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo mirando el retrovisor, cuando volvió la vista al frente ya era tarde, con manos sudorosas agarraba el volante con fuerza y su pie derecho pisó a fondo el pedal de freno, pero ya fue tarde. La chica que cruzaba el paso de peatones ya se había estrellado contra el parabrisas. Al salir del coche vio como el todoterreno daba media vuelta, tomaba la calle cuesta arriba y desaparecía en la noche. No podía llamar a nadie ni abandonarla allí en mitad de la calle. Recordaba que dos calles más abajo había un hospital, pero no podría quedarse, no tenía papeles ni licencia de conducción y, además, llevaba un paquete en el maletero demasiado peligroso para tener que dar explicaciones, eso sería su ruina...


Jordi
Como cada noche, el Dr. Oliveda se dirigía al hospital donde tenía que cumplir su turno de guardia. Aquella noche era diferente, estrenaba coche. Por fin había podido ahorrar el suficiente dinero de la entrada para poder comprar su capricho a plazos: un Audi TT cabrio de color negro. Había tenido muchas dudas a la hora de comprarlo, pensaba en la vergüenza que le daría que lo vieran allí dentro, pero no podía sacarse de la cabeza la imagen de aquellos turistas que invaden la costa en verano con coches descapotables. La imagen de una noche que ligó con una alemana en una discoteca de Lloret, él le dijo que era médico -todavía estaba estudiando- y se le acabó la noche cuando ella descubrió su viejo Ford Fiesta heredado. Más tarde la vio al lado de un tipo rubio dentro de un flamante Audi TT cabrio negro en el aparcamiento de la discoteca.
Este coche era más propio de un joven neurocirujano como él que el Ford Fiesta. Las cosas le iban muy bien, pronto disfrutaría del aumento de sueldo prometido por el jefe de departamento. Con la cabeza llena de sueños se dirigía al hospital para empezar su turno de guardia cuando recibió una llamada...

Enfermera de urgencias
-¿Dr. Oliveda?
-Sí, yo mismo...
-Dr. Oliveda... ¡Tenemos un problema! ¿Está llegando?
-Sí, pronto llegaré, estoy muy cerca...
-Han dejado en urgencias a una niña... la han atropellado, el chico que la traía ha dicho que iba a aparcar, pero no ha vuelto... no hemos podido tomar la matrícula... la niña... de unos doce años... tiene heridas por todas partes... y de la cabeza le brota sangre...
-¿Y el Dr. Font?!?
-El Dr. Font ha tenido que ausentarse minutos antes... una emergencia... un tema personal... un imprevisto, ahora ¡Estamos colapsados! No hay nadie que se pueda hacer cargo...
-¿Cómo?!? ¿Se ha marchado sin esperar que yo llegara?
-Ha dicho que sólo serían unos minutos antes del cambio de turno y que nada podría pasar...
Jordi
Pisó el acelerador a fondo, la vida de una niña estaba en grave peligro por culpa de dos ineptos... sentía el aire juguetón entre sus cabellos, pero ahora no disfrutaba de ello, estaba más preocupado en llegar a tiempo de salvar una vida. Llegando al cruce justo antes del hospital, un peatón se disponía a cruzar, un tipo bajito, pero robusto, sin cuello y con la cabeza cuadrada. Los neumáticos nuevos chirriaron provocando un susto en el peatón, que empezó a vociferar palabras ininteligibles con los brazos en alto. Jordi, apresurado, le advirtió desde su vehículo descapotado que fuera con cuidado, que allí no había paso de peatones y por ello no tenía preferencia.
Carmen
Limpiando por la recepción de urgencias...
-¿Dices que han abandonado a una chica en la entrada y se han marchado? ¡Desgraciados! ¿A dónde iremos a parar?...
-Tiene unos doce años ... -dijo a la compañera mientras empujaba el carro del trabajo.
-¡Ay madre! ¡Como mi Sara! -tomó el teléfono y marcó el móvil de su hija...
Del interior de un bolso, que le resultaba familiar, sobre la mesa del mostrador, sonaba la melodía de un móvil...
You got me begging you for mercy!...
-¡¡¡Saraaaa!!! -se echó a correr hacia el quirófano.
Manolo
Con toda la rabia acumulada, las frustraciones y el alcohol llenando el interior de sus venas exclamó:
-¡Tú! ¡Media mierda con tu cochazo! ¿Te crees que puedes pisarme? ¡Los peatones siempre tienen la preferencia!
Se lanzó al cuello del chico con ambas manos y con un solo gesto reunió toda la fuerza para sacarlo de allí dentro como si fuera un muñequito. Mientras el joven pedía perdón y ponía excusas para no pelear, Manolo le daba puñetazos en el rostro hasta que cayó al suelo con la cara ensangrentada, después de tres o cuatro patadas, se sentó sobre el pecho del joven y continuó zurrándolo. Nadie presenciaba aquella atrocidad, sólo el motor del Audi TT, los puñetazos húmedos y la sangre que llenaba el asfalto.
Cada puñetazo que recibía el Dr. Oliveda... rebotaba en la cabeza de Sara... cada chispa de vida que se desprendía del médico, también se iba desprendiendo de su hija, la hija de un imbécil, que sin saberlo, iba cavando su propia tumba en vida, a puñetazos...
Privó a su hija de la única esperanza que tenía de sobrevivir. Arrancó la vida de un joven lleno de ilusión y esperanza. Dos pérdidas encadenadas por la fatalidad de una promesa incumplida.
Imbécil:
¿Tan difícil era mantener la promesa que hiciste a tu hija?
_____________________________
Basado en una pequeña discusión que tuve en la calle con alguien a quien hubiera sido peligroso acercarle una cerilla encendida, pero que a pesar de todo me inspiró a hacer este post.
Ah! Todos los personajes son fruto de mi imaginación, cualquier parecido con la realidad es pura casualidad.


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miércoles, 3 de septiembre de 2008

Lecturas estivales.

Sí, efectivamente, ya estoy de vuelta.
No puedo retrasar más el hecho de volver a escribir en el blog, aunque ya me había acostumbrado a leer lo que otros escriben, como los blogs que visito y, cómo no, los escritores profesionales.
El verano es la época del año en la que más leo y éste no ha sido una excepción.
Aquí dejo la recopilación de los libros que he leído, así como de los que no he podido y he abandonado.

"Te daré la tierra" Chufo Lloréns
731 páginas (incluyendo agradecimientos y bibliografia).
Libro de tapa dura y original tallado irregular de las páginas que me llenaba el pecho, al principio, de pequeñas virutas de papel. Una vez superadas las primeras cincuenta páginas, el libro no te deja más restos encima. Antes de morir sepultado bajo su peso decidí llevar a cabo una criticable intervención, escalpelo en mano: desprenderme del peso innecesario de la tapa del libro mientras lo leo cómodamente como si de una edición grande de bolsillo se tratara. Este hecho se convirtió en una tradición desde entonces y lo he practicado en tres libros más en total este verano -todos ellos de mi propiedad, claro.




En cuanto al libro en cuestión tengo que decir que al principio presenta un montón de personajes y te marea un poco, pero una vez hechas las presentaciones, entras de lleno en la historia, que te va cautivando página a página hasta la última. Me ha gustado la riqueza de vocabulario que el autor muestra y diría que guarda cierta similitud con "La catedral del mar" de Ildefonso Falcones, que me fascinó también -entendiendo esta similitud como lo que capta un lector cualquiera como yo, no quiero decir que haya paralelismos, ni mucho menos plagio.
La siguiente novela que "des-tapé" fue "El pont dels jueus" (El puente de los judíos) de Martí Gironell. Le di cincuenta páginas de confianza, pero no pude continuar porque tenía demasiado reciente el "Te daré la tierra" y de estilo andaba un poco corto en comparación, me sabe mal ya que, probablemente, si hubiera empezado por éste, lo hubiera terminado.
Seguidamente tomé "La sangre de los inocentes" de Julia Navarro. Esta novela ya la había empezado hacía tiempo y la dejé a las treinta páginas. Esta vez estaba decidido a romper el maleficio, quería entrar de lleno -incluso le quité la tapa dura. Esforzándome lo empecé de nuevo y llegué a las cien páginas, que era el margen que me había autoimpuesto, pero fue inútil, no pude y lo dejé apelando al derecho sagrado que tiene cualquier lector a dejar una lectura -ya sea de un libro, de un diario o de un post como éste- tan pronto como cree que no lo debe continuar o no le interesa en absoluto.
Después de estos dos intentos fallidos, empecé "La bodega" de Noah Gordon (381 páginas) con ganas de dejarme cautivar por la lectura. La edición que tenía a mi alcance era la castellana, la que regalé el año pasado a mi mujer. Digo en castellano porque según escuché por la radio, la traducción al catalán era lamentable. Me tumbé en una hamaca un sábado por la mañana y la acabé por la noche, no hice nada más, excepto las necesidades básicas de todo ser humano y sus hijos. La historia te atrapa y te hace querer saber qué será lo siguiente que sucederá..., más tarde: Y ahora qué viene? ... es así, Noah Gordon, a pesar de las críticas, engancha de la misma manera que hizo con "El médico", "Chamán" o "La doctora Cole" entre otras... Supongo que algunas de las voces catalanas críticas con el libro se deben al nombre que el autor escoge para el personaje: Josep Álvarez. Si es así, quizás tienen razón, la historia tendría más realismo si se hubiera llamado Josep Puig, por poner un ejemplo. Son cosas de asesores, imagino.

Paseando entre estanterías de un caluroso Eroski, descubrí un libro de bolsillo: "Tokio blues" Norwegian Wood, de un autor japonés Haruki Murakami de quien había tomado referencia en un post de un compañero de un blog. No podía dejar escapar aquella oportunidad, aunque casual, y le dije a mi esposa que se lo regalaba ... para mí.

428 páginas de un estilo reflexivo -diferente a lo que llevaba leído hasta el momento. Mientras iba leyendo las tribulaciones y preocupaciones de Toru Watanabe, las imágenes se movían en mi imaginación como si estuviera ante una película japonesa de tonos verdes y amarillos, estilo videoclip musical. Acostumbrado a nombres catalanes, castellanos y anglosajones, en general nombres como: Naoko, Toru, Midori o Reiko te transportan a un mundo más próximo al de Doraemon, pero una vez te acostumbras, forman parte de la apertura mental literaria de este año.

La novela, curiosa y triste, juega a menudo con la muerte como parte de la vida. No será la última cosa que lea de este autor.

Tras Murakami, empecé un librillo que hacía tiempo tenía en mente leer: "El curioso incidente del perro en medianoche" de Mark Haddon. 269 páginas llenas de lógica, números, matemáticas, investigaciones y aventuras de un chico autista de quince años, Christopher Boone. Una novela excepcional en torno a un personaje que, según dicen, no se parece a ningún otro y muestra la peculiar manera de ver el mundo que tiene este chico.

Llegó el final del libro en Sort y quedé por unos instantes sin nada para leer, pero fue en el hotel donde trabaja mi hermana donde comencé la curiosa aventura de leer novela en inglés.


Gracias a la supuesta dejadez de los clientes, el hotel pone en unos estantes en el hall y a disposición de los nuevos clientes, libros olvidados, la mayoría en inglés. De todos ellos escogí uno que me llamó la atención: "No time for goodbye" de Linwood Barclay, 437 páginas intrigantes y de constantes sucesos que me atraparon desde la primera a la última. El argumento se basa en la extraña desaparición, en el año 1983, de una familia entera, padres y hermano, de una chica de catorce años. La novela transcurre en la actualidad (2008) después de veinticinco años, ella ya está casada y tiene una hija de ocho años. No explicaré nada, ya que empecé a explicarla a mi hija mientras la iba leyendo y se enganchó al argumento hasta que le tuve que explicar todo hasta el desenlace. He buscado en google información del autor y figura que la novela ha sido traducida a doce idiomas, creo, por eso si se publica aquí, se la compraré a mi esposa.

Antes de marcharnos de Sort y con la convicción de que aquella novela no me duraría mucho en las manos, mi hermana me invitó a llevarme otra. Escogí: "A death in Tuscany" de Michele Giuttari, ex-policía italiano que figura entre los que más vende de Italia. ¿Por qué lo escogí? quizás porque curiosamente entre las páginas que hojeé apareció un personaje: Sergi (curiosamente no Sergio) a quien apodan Serpico, llamadme simple.
Han sido 385 páginas de novela policíaca, mafia siciliana, albaneses, intriga, asesinatos, drogas y masones mezclados con pedofilia. Desde el principio no te engancha tanto como el anterior, pero es uno de los culpables de que haya demorado la vuelta al blog.
En Roses compré dos novelas más de bolsillo: "The promised land" de David Hewson -que he empezado hoy- y "Before I wake" de Robert J. Wiersema, a ver qué tal ...
¡Ah! también he disfrutado de la sillita de playa que me regaló Penélope, de la sombra que me proporcionaba la sombrilla de color rosa en la playa y de los kilitos de más que he guardado curiosamente repartidos por mi cuerpo ;-)

Por cierto, no he sido el único en zampar papel este verano, en el buzón de casa hay un caracol que se ha ido poniendo las botas con nuestra correspondencia, sobre todo la bancaria. Por lo visto, la hipoteca nos debe haber bajado, ya que sólo se puede ver esto: ????,54 €.

jueves, 10 de julio de 2008

Escribir.

Aprovecho este post dedicado al verbo escribir para colar el collage que el escritor Jesús M. Tibau me ha hecho llegar no hace mucho:



Escribir: Comunicar alguna cosa a alguien por medio de letras.

Ésta es una de las acepciones que el diccionario nos da de esta palabra, tal vez la que me gusta más, porque figura la palabra comunicar.

Eso es básicamente lo que hacemos muchos de los que tenemos un blog, comunicarnos con gente a través de internet. Nos comunicamos con gente que no conocemos de nada, con gente que hemos conocido virtualmente y con gente que ya nos conoce.

El hecho de escribir te permite describir sensaciones que algunos seríamos incapaces de transmitir cara a cara, pero no por ello lo escondemos, simplemente escribimos y así nos expresamos.

Nuestras palabras esperan impacientes dentro de la ventanilla del procesador de textos de blogger a que la mano dirija el ratón hacia el botón adecuado, que el dedo índice pulse la tecla izquierda justo en el momento en que el cursor está sobre un botón, sólo uno, el que les dará vida, el que las llevará a ser conocidas, el que las llevará a la gloria -o bien a la miseria-, pero las llevará al fin y al cabo, y servirán para comunicar: éste es el botón de Publicar un mensaje.

Puedes guardar el escrito como borrador hasta que un día lo dejes volar como paloma mensajera, aunque también puedes optar drásticamente por seleccionar todo y apretar el fatídico botón Eliminar, asesinando de un golpe seco lo que querías comunicar.

Afortunadamente nosotros podemos resucitarlas, las podemos hacer revivir después de haberlas matado.

Me pregunto:

-¿Cuántas palabras restan muertas en cajones olvidados y no han conocido el placer de viajar a otras mentes por causa de la timidez de quien un día no osó dotarlas de vida?

O lo que es peor:

-¿A cuántas palabras se les ha negado la vida por causa de terceros, rompiendo la ilusión del autor?

Sólo divagaba en una noche serena del mes de julio, mientras unos cuantos insectos descansan atraídos por la única luz que luce en la oscuridad del porche: la pantalla de mi ordenador... Ahora que repaso... ¿He puesto una y griega?... lo dudo, es un insecto que se confunde con las letras, quizás es una especie de hormiga con alas como las que vinieron el año pasado en forma de plag... ¡Vaya, si estoy rodeado de estas bestias!





viernes, 9 de mayo de 2008

Un libro para reír.

Soy un adicto oyente de radio. Hasta los veinticuatro años, cuando ponía la radio era sólo para escuchar música. Fue a partir de esa edad que un amigo, Jordi A, me recomendó que escuchara un programa que hacían en Radio Barcelona al mediodía, el programa se llamaba El Terrat (La Azotea) y los vecinos que lo habitaban eran Andreu Buenafuente y su equipo acompañados de una multitud de personajes que cobraban vida allá arriba con su particular sentido del humor que podríamos calificar de... ¿catalán? Sí, pero abierto.

Pocas han sido las veces en las que he sintonizado música en el dial desde aquel descubrimiento de hace dieciséis años. La historia de Buenafuente es conocida por la mayoría, fue dando saltitos, ahora aquí, ahora allí, ahora radio, ahora tele, ahora ambas, hasta que dio el salto a las españas mientras abrochaba y desabrochaba los botones de su chaqueta. No quiero hacer ninguna reseña más porque este escrito no va dedicado a El Terrat, tan sólo decir que, bajo mi modesta opinión, han exportado su humor con un elevado grado de éxito.
Un día mi esposa, conocedora de mi debilidad por el humor de los hermanos Marx y su peculiar visión de la vida, me regaló el libro: Groucho y Chico, abogados (el original era Flywheel, Shyster, and Flywheel) que trata de un bufete de abogados -como se puede deducir- que es un desastre. Groucho es Flywheel, un picapleitos follonero y Chico es Ravelli, su ayudante incompetente.
La lectura es muy amena y divertida, totalmente aconsejable a los incondicionales del humor. En muchas ocasiones me era bastante difícil leer y contener la risa a la vez, podréis pensar que soy de risa fácil... ; ) pero lo recomiendo para pasar un buen rato.