viernes, 2 de mayo de 2008

Y el hombre regresó al árbol.

El retorno a los orígenes se materializó ayer mismo. Después de que el mono bajara del árbol para ser hombre según las teorías de la evolución humana, el hombre volvió a subir al árbol.
Ayer por la mañana fuimos de excursión a Canyamars, al Bosc Vertical (bosque vertical) ubicado dentro del Parque Natural del Montnegre - El Corredor. Éramos un grupo de seis matrimonios con sus respectivos hijos, en total: veintiocho almas ansiosas por disfrutar de una nueva aventura.
El Bosc Vertical es un pedacito de bosque que tiene la peculiaridad de hacerte pasear por diferentes recorridos, de árbol en árbol a través de cables, puentes, pasarelas, cilindros, tirolinas e incluso lianas a lo Tarzán que finalizan en una red a lo Spiderman. Similar en cuanto al concepto, y salvando las distancias, a una pista americana, pero a una altura considerable del suelo, en ocasiones a escasos metros de la copa de los pinos. En nuestro grupo había niños de edades dispares a partir de cuatro años y llevábamos bocadillos y bebidas para la zona de pic-nic.
Todos pasamos nuestra experiencia y cada uno escogió el recorrido más adecuado para sus posibilidades físicas. Me abstengo de dar mucha más información que para ello ya tienen su página donde está todo muy bien explicado, os la enlazo al final del escrito.
A los once años, los Reyes Magos regalaron a Edu una torre de GeyperMan desde donde salía un cordoncito que tenías que atar a algún mueble y servía para desplazar el muñeco a modo de tirolina. Un día jugando en el Patio de la Abuela encontramos el manillar de una bicicleta y la bombilla de nuestro contaminado cerebro se iluminó, aprovechamos para atar el extremo de una cuerda a un árbol y el otro en algún lugar un poco más bajo, Edu estrenó nuestra particular tirolina, cogió el manillar, lo montó en la cuerda y se deslizó por ella. Los primeros dos metros fueron bien ante el asombro de nuestros ojos y la incertidumbre de los de Edu, pero de repente la cuerda se soltó y Edu dió con su culo en el suelo con tanta mala suerte que su nuca topó con una piedra grande que había a medio camino. Quedó tendido en el suelo y nosotros nos acercamos asustados por la escena que acabábamos de presenciar. Por fortuna no fue nada grave, aparentemente, porque Edu siempre ha estado un poco volado -lo digo con todo el cariño del mundo y la gente que nos conoce ya lo sabe- pero aquello hizo que reprimiéramos, en parte, nuestro deseo de aventura. Y es que no teníamos al alcance un mundo como el que ayer disfrutamos en familia, de ser así quizás ahora estaríamos en alguna expedición por el mundo.
Salvado el follón de ordenar tanta gente a la hora de escoger recorrido, nos colocaron los arneses a todos y recibimos una lección por parte de uno de los monitores naranjitos que llevaba rastas en la cabeza. Lo digo así utilizando la misma palabra que él: Naranjito por la camiseta naranja que lucen. Después de la teoría viene la práctica y pasamos todos por el tubo, es vital estar en todo momento asegurado con el mosquetón o la polea, o los dos al mismo tiempo.

De los dos recorridos más difíciles que hay, escogí el recorrido Canopy, es menos físico y más impresionante en cuanto a la altura. Un poco más de una hora de paseo por el bosque sin pisar el suelo, a pesar de atajar en cuanto llegamos a la liana, nos impresionó demasiado incrustarnos en una red de cuerda y la sorteamos. La próxima vez -que la habrá- pienso ir a por todas ya que te sientes seguro en todo momento y llegas al punto que parece que te has dedicado toda la vida a trabajar colgado empalmando cables -como los de Telefónica.
De todos modos, cuando estás a un metro del suelo haciendo prácticas te da respeto, pero en una tirolina a veinte metros del suelo y las rocas tienes que estar muy seguro de lo que haces ¿No?
Debo decir que hay momentos de altura que impresionan, al menos en mi caso, ahora bien, si un escalador lee esto imagino que será como si yo le contara a Fernando Alonso mi experiencia con los Karts -lo escribiré en otro post.
Después de comer, los niños repitieron la experiencia y aproveché para hacer fotos y comprobar sus habilidades. Tengo que reconocer que Ariadna no me preocupaba mucho, es responsable y muy cuidadosa con lo que hace, el que me preocupaba más era Joel, alborotado y alocado iba desprendiéndose del mosquetón a unos cuatro metros sobre mi cabeza y había momentos de sufrimiento más propio de mi madre, pero también demostró, con casi ocho años, que lo tiene claro.
El Bosque Vertical es una experiencia totalmente recomendable a pequeños y mayores que no sufran vértigo. La aventura y las nuevas sensaciones son saludables, cambias tu punto de vista: de pasear por el bosque alzando a la cabeza para captar los rayos de sol entre las ramas pasas a contemplar la vegetación y las hojas del suelo a vista de pájaro. Si queréis ir mejor haced reserva previa, pinchad en el logo:

Una recomendación de última hora:
El calzado es importante, con unas zapatillas deportivas pasáis, pero será mejor que la suela sea lo suficiente gruesa para evitar notar en exceso el cable que pisas para ir de un árbol a otro en algunas ocasiones, es decir, si notáis las piedrecillas de un camino, usad otras y por cierto, si no queréis llegar a casa con los pies bífidos como la lengua de una serpiente, nunca llevéis chanclas!

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